viernes, 9 de octubre de 2009

HECHOS Y PERSONAS DESCONOCIDOS DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

HOY: JOSEFA TABOADA DE ABASOLO

Por: Profr. Francisco González Con


Comenzamos hoy una serie de breves artículos sobre personas y hechos acaecidos durante la Guerra de Independencia, la mayoría de ellos desconocidos para casi todos nosotros. Pondré toda mi voluntad en ser lo más imparcial posible, pues tanto las personas como nuestras acciones tienen aspectos buenos y malos. Para juzgar un acto debemos tener todos los elementos del hecho, y a pesar de ello, muchas veces nos equivocamos al sentenciar u opinar. Para mí no existen ni héroes ni traidores, solo existen personas que actuaron según sus circunstancias, pensamientos y necesidades.
Y sin más preámbulo, voy con algo de la vida de una mujer, que vivió y padeció los efectos de una lucha sangrienta. Y le di preferencia a esta mujer porque, como usted bien sabe, nuestro municipio antes de ser llamado Jilotepec de Molina Enríquez, recibió el nombre de Jilotepec de Abasolo.
Es muy poco lo que sabemos de ella. Al haberse casado con Mariano Abasolo, suponemos que era originaria de la misma región que su marido. Mariano Abasolo nació en Dolores, estado de Guanajuato, pero como fue capitán del regimiento de la Reina, con cuartel en San Miguel el Grande, hoy San Miguel Allende, vivía en esta bella ciudad, siendo compañero e íntimo amigo de Allende. Casi podemos asegurar que Josefa Taboada era de una familia rica, pues el apellido Taboada, muy poco común, era propio de la nobleza española, originaria de Galicia.
Se enamoraron y a pesar de que Abasolo estaba comprometido en las conspiraciones para el inicio de la guerra, decidieron casarse con el parecer contrario de la familia Taboada. Su idilio fue de besos y amor bajo el sonido de cañones, pues Abasolo le “entró a los cocolazos”, acompañando siempre a Ignacio Allende y a otros compañeros militares, y por supuesto, a don Miguel Hidalgo. Abasolo intervino en la llamada Conspiración de Valladolid, un año antes del inicio “oficial” de la guerra. Hidalgo nombró a Abasolo mariscal de campo. Viendo que el intento de inicio de independencia había fracasado huyó, juntamente con Hidalgo y algunos compañeros más, hacia Estados Unidos, pero fue capturado en la conocida Noria de Bajan, Coahuila.
Condenado a muerte el joven Abasolo, que en estas fechas, en 1811, contaba con 28 años, interviene su esposa con valor, determinación y con todas esas virtudes y constancia propias del sexo femenino, para salvarle la vida.
Comenzó su peregrinar visitando al comandante de la región, don Nemesio Salcedo y Salcedo, y de rodilla le pide clemencia para su esposo. Éste ordenó un aplazamiento de la sentencia, pidiendo informes al brigadier Félix María Calleja del Rey, que se encontraba en Guadalajara. El informe que pidió era relativo a certificar lo que doña Josefa le había hecho saber, pues ella afirmaba que su esposo había salvado de la muerte a un buen número de españoles, en aquel y en este entonces, conocidos con el sobrenombre de “gachupines”, sin que tengamos la menor idea sobre el origen ni significado de este sobrenombre, por lo que los nacidos en España no deberíamos molestarnos. Durante la Guerra de Independencia fue muy frecuente la matanza de españoles, incluyendo mujeres y niños. Cuando se le formó proceso o juicio a don Miguel Hidalgo una de las preguntas fue el porqué no había mandado juzgar a los españoles, antes de su ejecución, a lo que don Miguel contestó que no hubiese sido necesario, pues él sabía que eran inocentes. De lo que no cabe duda es que a don Miguel Hidalgo y a sus demás compañeros de alto mando se les salió de control la enorme multitud de insurgentes que se les unió, muchos de ellos atraídos por los beneficios de un saqueo, por aquello de “a río revuelto ganancias de pescadores” y en toda guerra las injusticias y desordenes abundan. Somos una generación muy afortunada al no haber padecido los desastres que una guerra conlleva.
Y como no es para mí todas las hojas de este periódico, seguiré con la vida de doña Josefa Taboada en otro ejemplar, si, como decían los antiguos romanos, la vida me es benevolente.

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